viernes, 6 de enero de 2012

Capítulo 4A - Gasolina.

¡Serán hijos de puta! Sea quien fuese, el muy carbón casi me atropella.

-¿Qué pasa, que ahora me parezco a vosotros? - Le pregunto a un gul que me mira desde lejos. O he gritado mucho o el puto coche tiene un imán de zombis, porque nada más perderle de vista empiezan a salir infectados de las calles que desembocan el la principal. Joder, si lo se ya me habría ido antes, me giro y salgo pitando por el callejón, creo que no me han visto; los muy cerdos hacen demasiado ruido, a veces parece que hasta hablan.
Me replanteo la posibilidad de que puedan seguir hablando mientras atajo por las calles hasta llegar a la esquina con la aparte trasera del súper.

-Joder, a lo mejor conservan las capacidades primarias... - Ya más tranquilo me acerco a la rendija de ventilación del súper, cuando estoy a punto de meterme dentro una voz me pone los pelos de punta.

-¡Eh! ¡Tú!

-Joder - ¡¿Un gul que habla?! - No pude evitar preguntar, aunque si realmente hablase no esperaba que me respondiese...

-¿Eh? ¡No, no!

-... - Debo de parecer idiota, aunque prefiero asegurarme y esperar a que diga algo más, por que si no...

-Tranquilo - Se me vuelven a relajar los músculos -Vale, no eres un zombi, menos mal, por que tenía pensado arrancarte la cabeza a patadas.
-... Yo...yo... encantado de conocerte también... supongo... - Menudo pringado, el chaval parece sacado del diario de una adolescente, es un poco “decepcionante”, no es la persona que esperas ver que sobreviva en un apocalipsis zombie... a no ser que haya una historia de amor y chorradas de esas de por medio.

-Bueno, ¿Que coño quieres? ¿No serás un testigo de Jehová de esos?¿O un puto vendedor de cerillas? - No se que quiere, pero yo tengo prisa.

-Eh...no.- Joder, ¿No podía hablar más despacio?- Em, pues... que... a ver, dadas las circunstancias, yo creo, que es mejor ir acompañado... - La verdad es que no me parece mala idea, podría usarlo de escudo humano, o de señuelo.

-Vale - Finalmente me decido - Pero mariconadas las justas - En el Apocalipsis los tíos hacemos muchas locuras... - ¡Andando! - Me meto de nuevo en el conducto, el chaval tarda un poco en seguirme, así que le espero.

- Ten - Ppfff, un hacha... Está claro que no está al corriente de mi última adquisición, pese a tener la pipa acepto el arma con gusto, siempre es bueno tener de más.
No sé por donde coño salir, llegamos a la primera rendija y miro por ella...
Charcutería... ñam, ñam... Creo que es mejor no arriesgarse, si hay algún gul dentro, lo más seguro es que esté por aquí, que es donde hay carne. Tardamos menos de un minuto en llegar a la segunda rendija.

Bajemos por aquí - Coño, si tiene linterna y todo, me ilumina la salida y la abro sin siquiera molestarme en mirar antes. - ¡Alejóp! - Segunda hostia consecutiva en un día, debía de estar a unos tres metros del suelo. Me quedo tumbado boca arriba y puedo ver perfectamente como se contiene por no reírse. Oímos el ruido de unas latas cayéndose y ambos nos ponemos en guardia. Él se queda arriba y yo, aún tirado en el suelo, clavo el hacha en una estantería cercana, saco la pistola y apunto hacia donde procedía el ruido. Tras dos largos minutos de silencio y tensión bajo el arma y me levanto. - ¿Qué tal ahí arriba? ¿Puedes bajar? - le dirijo una indirecta para que baje.

-Voy - Nada que ver con migo, aterriza suavemente como una lechuga dentro de una tostadora. - ¿De donde la has sacado? - Me pregunta mientras señala el arma.

-Digamos que, la encontré - Me mira a la cara y hace una mueca.

-Eso tiene una pinta muy fea - Se me ha debido de caer el “vendaje” de la cabeza - Creo que deberíamos ir a ver si hay algo para curar eso.

-Si, creo que es lo mejor, antes ya casi me desmayo, por lo menos ha dejado de sangrar...

-¿Vamos? - Saca el hacha de la estantería y me la ofrece de nuevo.

-Déjalo, las armas con filo no me gustan, prefiero algo más...contundente... ¿Donde coño está la sección de jardinería?

-Pues debería de estar... allí - Señala el fondo del pasillo que tenemos más cerca.

-Vale, sígueme - Me adelanto por el pasillo pero sin perderle de vista, cuando llegamos justo al final asomo la cabeza y miro a los lados - No hay nadie... digo, nada... - El pobre sigue mirándome sin saber que rayos voy a hacer. Me agacho en una de las estanterías y pillo lo que la gente como yo llamamos: Motosierra. Supongo que todos le llamamos así. - ¡Muahahahah! ¡El arma perfecta! - La levanto como un poseso y tiro de la anilla repetidamente. - ¿Qué coño le pasa a esto? A lo mejor con unos golpecillos... - Ni que fuera la tele.

-Por si no lo sabías, necesitan gasolina, y no suelen llevarla para que algún gilipollas que venga a comprar... yo que sé... patatas... la coja y se ponga a descuartizar ancianos y embarazadas...

No hay comentarios:

Publicar un comentario