El extraño chico se abalanzó sobre la primera motosierra que había, la alzo el alto, y con un grito de victoria dijo:
- ¡Muahahahah! ¡El arma perfecta! - grita orgulloso mientras intenta arrancarla. - ¿Qué coño le pasa a esto? A lo mejor con unos golpecillos...
-Por si no lo sabías, necesitan gasolina, y no suelen llevarla para que algún gilipollas que venga a comprar... yo que sé... patatas... la coja y se ponga a descuartizar ancianos y embarazadas... - le dije apuntando un poco más lejos, donde debería de haber gasolina. - Tal vez por allí encontremos algo.
-Mierda... ¡corre, gasofa, gasofa! - Cada vez estaba más seguro de que se le había ido la pinza.
Cogimos un par de garrafas de gasolina, llenamos la motosierra, y la otra se la echó a la espalda en una mochila.
-Oye, ¿no crees que será muy ruidoso, y llamará la atención a los zombis?
-Por supuesto.- dijo seguro y sereno.
-... Eso es malo.
-¿Malo? Gules a miles para poder descuartizar sin parar, manadas de ellos dirigiéndose a los dientes implacables de la motosierra, litros y litros de sangre, vísceras y demás saltando por...
-Basta, basta - le dije intentando sacar de mi mente esas imágenes - ¡acabarán por devorarte vivo!
-Sí... hizo una breve pauso y prosiguió - ¡pero me habré cargado antes a decenas de ellos!
-Pues no esperes que me suicide contigo... tengo unos amigos que encontrar y un pueblo lleno de cosas de esas... MI pueblo...
-Joder tío, pareces un puto Hobbit hablando de su comarca. -Soltó de repente, y no pude evitar echarme a reír. Los dos reímos, a pesar de que en esas circunstancias pareciera algo difícil de hacer, cuando en realidad es más fácil que de costumbre... ¿Me estaré volviendo loco también?- Está bien, te ayudaré a encontrarte con tus colegas - dijo interrumpiendo mis pensamientos.- pero con una condición - un terrible miedo empezó a apoderarse de mi cuerpo... ¿De qué condición se trataría?
-¿C-cuál? - Pregunté cauteloso.
-Que me dejes matar a todos los guls que se nos crucen por el camino.- Uf, menudo alivio, creía que me iba a pedir que le sirviera para un ritual satánico, que me tirara a un caminante o alguna pollada de esas... Este chico empezaba a caerme bien, si señor.
-Jajaja, pues claro ¡Faltaría más!- Nos dimos la mano amistosamente cuando de repente un gul del que no nos habíamos percatado se abalanzo sobre nosotros, callendo encima del chaval. - ¡No! - me dio tiempo a gritar, pero era demasiado tarde, el monstruo había hincado sus pútridos dientes en el antebrazo de mi acompañante, que con una exclamación de dolor, se lo quitó de encima como pudo.
-¡Maldito bastardo hijo de perra! - Dijo mientras se levantaba y arrancaba su nueva motosierra.
Saltaron tripas, trozos de carne, sangre a montones y no parecía que mi colega fuera a parar.
-¡Eh, eh! ¡Para! ¡Ya está muerto, así solo atraerás más su atención!-Le dije acercándome con cuidado.
-¡Y una mierda! ¡Como a ti no te ha mordido el ojete un puto bicho de estos...! - de repente sus ojos se iluminaron misteriosamente. Quien sabe que pasaría por su macabra cabeza...
-¿Qué estás pensando?
-La infección no puede expanderse, con un poco de suerte, con el antebrazo bastará...
-¿Con el antebrazo bast...? - Me interrumpió dándome de golpe la motosierra. De repente descubrí que pretendía ahcer... más bien.. QUE HICIERA YO.
-Toma, rápido.
-¿Qué? No, no puedo, ¡estás loco!- Sí, lo estaba, pero ni aún viniendo de el me esperaba su reacción.
-Está bien. - me quitó el hacha de la mano, pegó el brazo sobre una mesa de jardín y amputó con violencia parte de su extremidad izquierda. - ¡Gyyiiiah! ¡Joder!
-La madre...
-Hay que cauterizar.
-No será capaz... -Sí lo era, ¡claro que lo era! - No, no, no...
Cogió la garrafa de gasolina que llevaba a la espalda, vertió un poco sobre una plancha de cocina, la prendió fuego y puso el muñón aún sangrando a chorros de lo que antes había sido su antebrazo.
-¡Ggaaaaaaaaaaaaah! - Se me estremeció el cuerpo de oírlo gritar de esa manera tan terrible. Probablemente a los zombis que rondaban por ahí también, pero de placer.
Tras unos segundos más que para el debieron de ser eternos, se desvaneció en el suelo.
-¿Ya? ¿Tanto heroísmo para esto? Pffff... - Perfecto, el que iba a ser mi salvador ahora va a ser una carga para mi... además de mi jodido imán para muertos vivientes. Bueno, eso, suponiendo que le sacara de allí... No, definitivamente no tenía maldad para dejar a alguien allí indefenso, y menos sabiendo que en cuestión de unos minutos iba a ser un hervidero de pútridos caminantes.
La cabeza me iba a estallar, un montón de preguntas de cómo cojones salir de allí se me agolpaban y no me dejaban pensar con claridad.
Espera.
Ya lo tenía.
Podría abrir las puertas traseras, de descarga desde dentro, además tenía seguro de que al abrirlas no me iba a encontrar con más gules por que entramos a los conductos de ventilación por detrás y no había ni uno. Y no solo eso, con suerte no tendría que cargar a... mierda, todavía no se como se llama... está bien, llamémosle X; pues eso, no tendría que cargar con X, ya que podría llevarlo en una de esas pequeñas máquinas que utilizan en supermercados, en obras y demás, para transportar cosas, pales más que nada, un toro.
Me paso su brazo derecho por encima de la cabeza... bueno, claro que era el derecho, el izquierdo no podía ser. Me dio por girar la cabeza para ver donde estaba lo que quedaba de su brazo amputado.
Y ahí estaba, encima de una mesa de jardín blanca, que ya no era tan blanca.
Desearía que no se me hubiera pasado esa idea por la cabeza, o eso creo, por que en casos extremos nunca sabes de de lo que eres capaz.
Me desplacé hasta donde estaba el brazo, y no sin asco lo cogí por la muñeca. Esperaba que la idea fuera buena y funcionase, sobretodo, por que hacer lo que iba a hacer merecía una recompensa: Pensaba utilizar el brazo de X de cebo.
No se si a el le importaría que lo hiciera o no, de todos modos, tampoco iba a reimplantárselo, así que, sin más dilación, me encaminé hacia las puertas del almacén que no estaba muy lejos.
No había pasado más de dos estantes cuando dos gules se me aparecieron por un pasillo por la izquierda.
No iba a usar mi cebo ahora, ya que si funcionaba podía salvarme la vida, y ahora podía deshacerme de estos dos sin problemas, pero tenía que comprobar si funcionaba.
Extendí el brazo amputado de X en su dirección, estos lo miraron fijamente y se abalanzaron sobre el.
-Perfecto. - dije evitando que cogieran el brazo. Sujete a X con la otra mano, y le di un par de hachazos al primero, que callo muerto, digo, más muerto al suelo.
El otro no corrió una suerte distinta y perdió su cabeza bajo el filo del hacha.
Sin entretenerme más llegué hasta la puerta del almacén. Abrí, y asomé cuidadosamente la cabeza para descubrir que no había nadie, o mejor dicho, nada.
Una fina luz se colaba por los pequeños ventanales que había, lo que me permitió divisar el torito a un lado y la puerta no muy lejos de el. Por suerte, estaba vació.
Por si acaso encendí las luces. Dejé a X sobre un palé en la pala del toro y fui corriendo a la puerta.
-¡Mierda! - La puerta estaba cerrada por unas cadenas lo suficientemente gruesas como para que la puerta aguantara un fuerte impacto, como el de un coche. No se si la puerta en sí resistiría, pero las cadenas sin duda sí.
No tenía mucho tiempo, así que busqué una manera de romper esas cadenas. Lo único que se me ocurrió fue golpearlas hasta que se rompiera algún eslabón, muy bien, muy original.
Eso iba a conllevar tiempo e iba a hacer mucho ruido, así que fui a la puerta por la que entré y la bloqueé con cajas, bidones y demás cosas pesadas que encontré. Con suerte ni en mil años podrían echarla abajo, o eso creo...
Cuando me decidí a buscar algo potente con lo que golpear las cadenas divisé un gul acercándose peligrosamente a X, que estaba tumbado aún inconsciente sobre el palé.
- Joder...- salí corriendo hacia el gul, que parecía no prestarme atención e ir decididamente hacia su próximo manjar.
Si no lo paraba no llegaría a tiempo de evitar que lo mordiera en algún sitio, y quien sabe si esta vez podría amputarlo.
-Maldita sea...- maldije por lo bajo, había olvidado mi hacha al lado de X. Pero lo que no había olvidado era su brazo, que no se por qué narices lo llevaba aún. Sin pensármelo mucho lancé el brazo en dirección al gul, que para mi suerte y sorpresa, le golpeó en la cabeza, derribándole.
El zombi en el suelo alargó su brazo hacia, irónicamente, el brazo de X, pero para cuando pudo sostenerlo entre sus dedos, yo ya había llegado, heroico con el hacha en la mano, y se la había incrustado en la cabeza.
-Ufff, por qué poco. No puedo permitirme más fallos así. - Entre queja y suspiro divisé a lo lejos una pesada maza, que no entiendo muy bien que hacía allí, pero que me venía de perlas.
Fui corriendo, no sin antes pensarme dos veces llevar conmigo de nuevo el brazo, aunque me decanté por no hacerlo, ya que no podría coger la maza bien si lo llevaba.
Agarré la maza con las dos manos, e intenté levantarla.
Era muy pesada, pero podría utilizarla sin problemas... durante un par de mazazos. Arrastré la gran maza tras de mi, para no perder fuerzas en llevarla levantada, y cuando me hube hallado enfrente de la puerta de salida, levanté la maza, y la dejé caer fuertemente contra las cadenas. Para mi sorpresa y la de cualquiera, me cargué media puerta, ya que no di a la cadena, si no a la palanca para abrir la puerta empujándola en la que estaba atada.
Perfecto, todo había sido muy fácil, bueno, no, pero salió bien. Abrí las puertas, me aseguré de que no me encontraría con más ''amigos'' y subí al torito con X cargado.
Nunca se quitaban las llaves del torito, y estaban colgadas en el contacto, así que arranqué y me precipité por la puerta... a la velocidad que aquello podría llevarnos.
Algo que no había pensado, y tampoco habría podido, es decidir a donde ir, o donde podrían estar mis amigos. Un momento, en el coche, antes de llegar al supermercado les propuse instalarnos en el antiguo colegio, y si me habían escuchado bien, irían allí.
Por suerte estaba justo enfrente del supermercado, aunque tuviera que dar la vuelta y encontrarme con esos guls... bueno, siempre se puede callejear.
©Bryan Pascual Moreno, me reservo todos los derechos de autor sobre la obra expuesta a continuación. 10/09/2010 ¿Qué pasaría si el día menos pensado la tía que te tirarías quisiera arrancarte el cuello a bocados y tuvieras que volarle los sesos? ¿O si tu querido casera estuviera deseando arrancarte las tripas (bueno, seguro que eso ya quiere) y tuvieras que volarle la cabeza (sí, tu también quieres eso)? Gore, humor, zombies... ¿Qué cojones más quieres?
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