miércoles, 11 de enero de 2012

Capítulo 7 - Adiós.

El ''torito'', carretilla elevadora si eres un poco quisquilloso, apenas llegaría a alcanzar los 20 km/h pero esa velocidad era suficiente para que ningún gul nos alcanzase. Hasta ahora no había visto a ninguno que diera más de un paso cada 2 segundos; se limitaban a arrastras sus pies descoordinada y torpemente, claro, que para lo que eran, muertos, ya era bastante.
Hasta ahora no me había parado a pensarlo, quizás por que no he tenido ocasión, o quizás por que tan solo llevo un par de horas ''conviviendo'' con ellos, pero... ¿cómo podía ser aquello? Quiero decir, sí, todos hemos oído, visto, y leído historias y películas sobre zombis, pero siempre desde la ficción, y sabiendo, o mejor dicho, pensando, que no era real y no podría suceder. Pero ahí estaban, andando por las calles, que habían invadido y sumido en el terror en 1 solo día.
Esa es otra cosa que no me explicaba, ¿cómo pueden en tan solo un día hacer todo eso? ¿De dónde surgieron? ¿Realmente hubo otros casos, o indicios, y fueron tapados por el estado?
Ahora que me fijaba, algunos de ellos, presentaban un estado de putrefacción mayor que otros, que de no ser por cómo se movían, y que estaban llenos de sangre, parecían personas vivas... pero vivas de verdad; lo que me lleva a pensar que deben de llevar rondando por ahí algo más de tiempo.

Tal vez vinieron por el monte, al otro lado de la montaña hay grandes núcleos de población, o tal vez, se originó en algún otro pueblo de alrededores. No lo se, pero estaba casi seguro de que el origen no estaba aquí.

El rugido de un caminante a menos de dos metros de nosotros me sobresaltó sacándome de mis pensamientos. Estaba pasando cerca de un pequeño grupo de unos cinco o seis gules. No me había dado cuenta, pero el sonido del torito llamaba la atención de todo muerto viviente, y ya me seguían a lo lejos cerca de veinte de ellos.

-Mierda, tendré que darme prisa. -dije volviendo la mirada hacia la calle por la que tendría que girar en breve y esperaba que no hubiera ningún arrastrapiés de estos.- Vamos pequeño, caña...caña...- Cada vez estaba más cerca de llegar, pero si no aprovechaba al máximo, podrían llegar a cerrarme el paso, así que tendría que arriesgarme.
Me abrí un par de metros antes de entrar en diagonal por el interior de la aprovechando el desnivel que me dio algo más de velocidad. Si había guls en el calle probablemente no pudiera esquivarlos a tiempo y puede que fuera nuestro fin... o al menos casi seguro el de X.

Por suerte la calle estaba vacía. Además, habría perdido definitivamente a los zombis que me seguían por detrás. Pero de pronto, el corazón me dio un vuelco, al final de la calle aparecieron dos caminantes que nos cortarían el paso.
A la mierda, jamás podríamos pasar sanos y salvos. Paré el motor y me quedé en medio de la calle, intentando encontrar alguna escapatoria, o manera de pasar, pero era imposible, la calle era muy estrecha, de una sola dirección, y ya se agolpaban dos grandes grupos de guls por las dos salidas.
Nada, no podía hacer. Lo único que podría hacer es dejar que devoraran a X y mientras yo huir, pero no, no era tan rastrero, ni si quiera con aquél pirado que acababa de conocer. Tal vez solo quedara esperar.
Era curioso, siempre había pensado cuando veía películas de este tipo, que sería capaz de sobrevivir a un apocalipsis zombi, y parece ser iba a morir la primera noche, allí, en medio de una calle, con alguien a quien ni si quiera conocía hace 1 hora, con medio brazo amputado y desmayado sobre una carretilla elevadora.
Sin mis amigos, ni familia, estaba solo. En cierto modo envidiaba a X, el por lo menos no se enteraría de nada.

-Un momento...- murmuré para mi mismo. Me acerque a X, le levanté la camisa y allí estaba, metida en su pantalón, la pistola con la que le había visto en el supermercado.
Sí, definitivamente sería más fácil así, sin sentir nada. Puede que fuera de cobarde, puede que no, pero eso da igual, por que nadie nunca lo sabrá, eso si es que queda alguien después de esto.
Mis últimos pensamientos fueron para mis amigos, mi familia y toda la gente que alguna vez a ocupado un lugar en mi corazón.


Adiós.


Apreté el gatillo, pero este no cedió.

-¿Pero qué coj...?- El seguro debía de estar puesto. Perfecto, no se si ahora tendría el valor hacerlo.

-Tsss, ¡eh chaval!- Juraría que se me subieron los cojones a la garganta del susto.- Eh, corre, sube, están a punto de coger...cogeros.- se corrigió desviando la mirada hacia X. Aquel individuo, Ángel de la guarda, o lo que fuera, era un chico de unos 20 años, que se asomaba por una terraza de un primer piso, que estaría a una altura de unos tres metros. - ¡Rápido chico, despierta!- Tras decir esto finalmente reaccioné y miré a mi alrededor. En menos de dos minutos los zombis estaría devorándonos si no encontraba la manera de subir.

Pronto, se me ocurrió, use el torito para elevar a X y que nuestro salvador, o al menos el de X, pudiera cogerle en brazos y ponerlo a salvo. Pero ahora la cuestión era cómo subía YO, esta máquina no estaba hecha para poder controlarla desde las palas. Solo se me ocurría intentar subir primero a el palé que hacía de plataforma lo más alto que alcanzara a subir y de ahí al bacón.
Bajé un poco su altura, y escalé esta poder ponerme de pie sobre él. Al principio tuve miedo de volcara, pero luego me dí cuenta que entonces una máquina así no tendría sentido.
Cuando los gules empezaban a alzar sus manos hacia mis pies, un pie se me quedó encajado entre dos tablas del palé y perdí el equilibrio.
Joder, me salvo por los pelos, ¿y la cago en la recta final?

No hay comentarios:

Publicar un comentario