-¡Iñaki joder! - Gritaba Din desesperada mientras golpeaba la puerta con sus puños. De repente, se hizo el silencio.
Tras unos largos y angustiosos segundos la puerta se abrió con un ruido de arrastrar tierra por las baldosas, acompañado por la risotada que soltaba Iñaki desde dentro.
-¡Ja,ja,ja,ja,ja! ¿Os habéis asustado?- decía entre carcajadas Iñaki dejándose ver por la puerta.
-¡Eres imbécil! ¿Te crees que hace gracia? - Estaba a punto de agarrar a Din por el brazo para que no le clavara el hacha entre ceja y ceja, la veía posible... Aunque tampoco estaría mal que le diera un par de hostias, la chica tenía razón.
-Bueno, pues ya ves, ¡parece que sí! - Y comenzó a reír de nuevo. Ni Din ni yo hacíamos el menor gesto de reírnos, tal vez por que no nos hizo gracia, o tal vez por que en esos momentos un No Muerto que antes parecía haber sido un chaval de unos veintitantos aparecía por la puerta del comedor de la casa y desgarraba el cuello de Iñaki de un letal mordisco. Definitivamente nunca sabremos cual era razón, quizás, nunca queramos pensar en este momento, sobre todo ella, pero no le quedará otra que recordarlo.
Sin que nosotros pudiéramos hacer nada las carcajadas de Iñaki se transformaron en un desgarrador grito, terminando por gorgotear en su garganta su propia sangre. Din y yo nos quedamos pálidos, sin movernos por unos instantes, hasta que ella, con un grito de ira se lanzó hacia el gul con el hacha en alto, acabando esta en su cabeza incrustada, dejándolo definitivamente en el suelo.
-¡Hijo de puta! - Gritaba mientras repetía el proceso, dejando un gran charco al rededor y salpicando todo con restos de sesos y cráneo incluida ella. Hasta ahora no me había fijado pero la mayoría de los No Muertos que había visto hasta ahora eran de personas de treinta o cuarenta años para arriba. ¿Toda la ''cultura-zombi'' de hoy en día nos tenía más preparados a los más jóvenes? No lo se, tal vez. Puede que tengamos la cabeza más en la fantasía que en la realidad, y eso nos lleve a creer que pueden suceder cosas que hasta ahora no habían sucedido, por extrañas o imposibles que pareciesen, cómo esta.
Volviendo a la realidad me di cuenta de que Din ya había parado de martirizar el cráneo del y ahora sujetaba la cabeza de Iñaki mientras lloraba arrodillada sobre él. Le estaba diciendo cosas al oído que yo no podía oír, o no quería oír, no podía imaginarme su dolor.
-Din...- intenté decir algo, pero no sabía ni que decir, ni por dónde empezar. Lo que si sabía es lo peor: Que Iñaki en unos momentos iba a ser uno de ellos, y alguien iba a tener que reventarlo los sesos. Dudo que eso fuera a ser agradable para ella o para mi. - Escucha... - Pero parecía que no me escuchaba. Ella seguía arrodillada al lado del cuerpo de su primo llorando inconsolablemente.
En esos momentos el cuerpo de Iñaki empezaba a convulsionar. Ya estaba pasando. Din se separó un poco de él horrorizada, por que sabía lo que tocaba. Mientras movía la cabeza hacia las lados y gesticulaba unos inaudibles No alargaba la mano hacia el mismo hacha con el que había acabado con el culpable de aquello. Tras mirar unos segundos el filo del hacha, empapada en sangre, la limpió en la camiseta del joven gul.
El pobre Iñaki empezaba ya a emitir leves gruñidos, como llamando a su nueva No Vida.
Entonces Din cerró los ojos, dijo un último Te Quiero y bajó el hacha con todas sus fuerzas y a la vez amor sobre el cuello de Iñaki.
Estaba muy pálida, yo a su lado parecía un veraneante en Benidormn. No la quedaban lágrimas, no la quedaba vida. Parecía un ente, ausente.
Me acerqué para abrazarla, intentar consolarla, o por lo menos darla un poco de compañía emocional, pero me apartó de un empujón y se puso de pie.
-¡No te acerques a mi! ¡Todo esto es tu culpa! ¡Tuya y de tu estúpido amigo tullido! ¡Si no hubierais aparecido todo estaría bien! - Me vociferaba haciendo amplios y agresivos gestos desmedidos con las manos y brazos. Tal vez, tenía razón, si no hubiéramos estado allí, no hubiera pasado nada de aquello. Era... era nuestra... MI culpa.
- Yo.. lo.. lo siento...- apenas llegué a gesticular mientras agachaba la cabeza.
-¡No, tu no sientes una puta mierda! ¿Me oyes? ¡UNA-PUTA-MIERDA! - Finalmente se fue llorando mientras bajaba las escaleras hacia su casa. Me parece a mi que iba a tener que buscarme la vida para dormir esta noche.
De repente unos gemidos se volvieron a oír en el interior de la casa. En esos momentos Din doblaba el descansillo, me miró con un odio que podría derretir los polos y sumirlos en el mayor infierno, y aceleró el paso. Yo me giré hacia el interior, y descubrí que lo que gemía era una hermosa muchacha de unos veinte años, completamente desnuda y sin ninguna herida o mordisco que la pudiera haber transformado aparentemente. Por unos instantes me quedé embobado por su esbelta figura... que sí, que estaba tremenda joder, pero no era el momento. Agarré con las dos manos el hacha y cuando estuvo a la suficiente altura se la clavé en la frente. Calló desplomada junto al cuerpo del que parecía ser su rollete. Antes de darme la vuelta para seguir a Din vi algo que me heló la sangre: la cabeza de Iñaki seguía viva e intentaba morder, morderme, mejor dicho, tenía la mirada clavada en mí. Increíble. No me quedó más remedio que acabar con su cabeza también.
Justo cuando empecé a bajar las escaleras oí un grito. Era Din, y provenía de dentro de su casa. Me temía lo peor, X. Bajé corriendo las escaleras y cuando llegué a la puerta lo vi. Din estaba en una punta del salón y X se levantaba emitiendo un extraño e incomprensible Aaaaah.
©Bryan Pascual Moreno, me reservo todos los derechos de autor sobre la obra expuesta a continuación. 10/09/2010 ¿Qué pasaría si el día menos pensado la tía que te tirarías quisiera arrancarte el cuello a bocados y tuvieras que volarle los sesos? ¿O si tu querido casera estuviera deseando arrancarte las tripas (bueno, seguro que eso ya quiere) y tuvieras que volarle la cabeza (sí, tu también quieres eso)? Gore, humor, zombies... ¿Qué cojones más quieres?
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