Esta vez sí, era el final.
Todo pasó muy deprisa, ten pronto como vi a menos de unos segundos mi vida acabar, algo tiró de mí e impidió que me cayera. Un brazo de alguien, en alguna parte del mundo, en este mismo instante, esa persona, ese brazo, me salvaron definitivamente de la muerte.
-Gracias. - dije mientras soplaba una vez más la taza de té caliente que me había ofrecido mi rescatador.
-Habéis estado cerca ¿eh? - dijo mirándome a mi y después pasando la mirada por X. Todavía no estaba muy convencido de que no lo hubieran mordido, aunque era verdad, pero se amputó el brazo apenas unos segundos después, no se si eso serviría de algo, pero espero que si. De todas formas nadie iba a enterarse.
-Uff, sí, y no es la primera de la noche...
-Ya, ya veo. Por cierto ¿Cómo os llamáis?
-Yo Jeremmy, puedes llamarme Jey (Yei) y el... - me giré para mirarle. Estaba tumbado en un sofá, con una manta, y con los vendajes repuestos. - Sinceramente no se cómo se llama, le conozco de hace poco más de una hora.- pausé un rato y volví a mirar a nuestro nuevo compañero. - no se, pero yo le llamo X. Ja,ja,ja,ja.
-Ja,ja,ja, bueno, yo soy Iñaki, puedes llamarme Iña, ja,ja, encantado. - me tendió la mano y los dos nos dimos un apretón amistoso. - supongo que cuando me presente a tu amigo no podré hacer esto...-dijo aún sosteniéndome la mano, refiriéndose a su brazo amputado. Los dos reímos a carcajadas.
-¡Serás cabrón! - le dije de buen rollo, había sido una buena...- bueno, eso no es del todo cierto, tengo por ahí abajo su brazo, ¡si quieres bajo a por el y os presento! - de nuevo comenzamos a reír a carcajadas a más no poder. Era un gran alivio poder reírse en esos momentos.
-¡Y será verdad!
-Tsss, pues claro, ¡cargando con este hombre inconsciente, iba a necesitar una manita! - a los dos nos dolía la tripa de reírnos. Este tío era muy majo, creo que íbamos a hacer buenas migas.
De repente un ruido me alarmó y me levanté enseguida a coger mi hacha que estaba al lado de X. A Iñaki no pareció haberle sorprendido lo más mínimo.
-Hey, tranquilo, es Din, no pasa nada. - me dijo acomodándose en el sofá.
- ¿Din? - le pregunté sin sentarme aún.
-Vaya, veo que tenemos visita. - Esas palabras provenían del nuevo anfitrión que parecía vivir allí. Por la puerta del salón apareció una chica de unos 17 años, de aproximadamente mi altura, media cabeza menos, tal vez. Vestía unos pantalones militares que acababan dentro de unas botas altas de aspecto militar también, una camiseta de tirantes negra y ajustada, que hacía resaltar su esbelta figura y en las muñecas llevaba un par de muñequeras de cadenas. Una larga melena morena con ligeras ondulaciones caían por su espalda como un mechón del flequillo que le pasaba por la mejilla y acababa a la altura de su cuello. Tenía unos rasgos delicados pero firmes, que dejaban entrever que su cuerpo empezaba a abandonar la adolescencia, quizá algo antes de tiempo, para convertirse en una mujer hecha y derecha.- Espero que te hayas asegurado de que no estén infectados, no quiero tener que manchar mi propia casa con sucia sangre de No Muertos. - en ese momento separaba la mirada con recelo de X, la pasaba por el salón y finalmente la posaba en mí.
Fueron apenas unos segundos, pero pude notar cómo su mirada de fuego me congelaba por dentro hacia fuera. Con la piel de gallina desvié la mirada hacia Iñaki para ver que contestaba.
-Tranquila, está todo bajo control, no te preocupes.- Contestó Iñaki tranquilizándola, aunque se notaba en su voz que él tampoco estaba muy convencido, aunque no pretendiera aparentarlo.
-Oye, si es molestia... podemos irnos, de verdad, gracias por todo, no queremos molestar.-me apresuré a decir.
-Si, así todos estaríamos más tranquilos. - añadió Din tajante, dejando ver el poco agrado que le provocaba nuestra presencia.
-¡No! ¡Din, por favor, compórtate cómo es debido con los invitados! - casi gritó de malas maneras Iñaki. No le veía tan mala persona como para dejarnos a nuestra suerte, que seguro no sería buena. Además, creo que nos habíamos caído bien.
-Yo en serio que...- intenté decir, pero se enzarzaron en una discusión, que parece que acostumbraban. ¿Serán pareja? No estaba del todo seguro, quizás fueran hermanos, o simplemente amigos...
-¿Invitados? ¡Por favor, Iñaki, que esto no es una reunión para tomar el té! ¡Que ahí fuera hay decenas de muertos que han decidido levantarse y darnos por culo!
-¡Por eso mismo! ¡No podemos dejarles abandonados! ¡Un poquito de humanidad! - Los dos estaban rojos y elevaban los brazos cuando gritaban. Creo que causábamos demasiados problemas, tal vez tuviéramos que irnos...
-¡Hablas como si fueras mi padre!
-¡A lo mejor si te parece que te hablo como un padre es por que eres como una niña! -Iñaki parecía haberse arrepentido de esas últimas palabras, pero rápido se apresuró a echar por encima otras antes de que tuvieran un efecto inconveniente.- Soy tu primo mayor, y tengo total responsabilidad sobre ti, no pienso dejar que te pase nada, ¡ confía en mí, joder!
-¡Prefiero vivir a que alguno de ellos se transforme mientras duermo y me devore viva! ¿Es que no lo entiendes? - dijo finalmente bajando los brazos. - No les conocemos de nada, y tampoco les debemos nada... -agachó la cabeza cansada de la pelea. Iñaki se acercó más a ella, le levanto de la barbilla para que le mirara a los ojos. En esos momentos la chica dura que había aparecido por la puerta hace unos minutos no parecía tan ruda. Tenía los ojos brillando, como si estuviera a punto de llorar, se ve que tenía miedo, mucho miedo, más del que nunca pareciera que pudiera reconocer.
-Eh, eh, tranquila nena, ¿vale? - tras mirarse unos segundos más los dos se fundieron en un corto pero intenso beso. Ahora veía de que iba la cosa, incesto, qué bien. Se me hacía muy extraño estar allí en esa situación. Entonces se separaron, Iñaki se dio la vuelta sin saber muy bien qué decir. Antes de que pudiera articular palabra me adelanté.
-Está bien, no pasa nada. - dije levantándome para recoger a X y nuestras cosas.
-Eh, esto, Jey...
-No, en serio, da igual, si hemos llegado hasta aquí, creo que podremos sobrevivir un par de horas más. Iremos a hacerle una visita a alguno de vuestros vecinos, a ver si su hospitalidad es mayor. - Vaya, no quería haber dicho eso, a Iñaki le habría dolido. - Eh... no, de verdad, muchas gracias, ya habéis... has - me corregí a mi mismo, haciendo sonar ese has un poco más entonado de lo normal, para hacer sentir culpable a la fiera de su prima-novia, o lo que fuese... - hecho demasiado y no tenías por que, tranquilo.
-Está bien... espero que estéis bien. - se le notaba apenado, pero creo que confiaba en que nos cuidásemos.
-Si, y yo... Oye, ¿sabéis de alguno de vuestros vecinos que no se encuentren en casa o algo parecido?-Dije mientras me colocaba al lado de X ya con todo cargado para marchar.
-Emmm... - Iñaki se quedó pensando un momento pero Din se adelantó.
-La Señora María, hace apenas dos horas hemos tenido que decapitarla en el portal. Vive tan solo un piso más arriba, el 2ºC. - hizo una pequeña pausa y después añadió.- Era una señora de buen comer... seguro que ha sido tan amable de dejaros la nevera llena. Además, esos malditos no son capaces de subir unas escaleras.
-Amm, entiendo, 2ºC entonces... pues... ¿hasta mañana? - dije cogiendo a X en brazos como un esposo recién casado que coge a su cónyuge en volandas y la mete dentro de casa.
-Eso espero... - respondió Iñaki mirándome con cara de preocupación. - Espera, así no podrás hacer nada, y menos aún si te encuentras con alguno de esos apestosos... Déjame acompañarte.-Si, ahora que me paraba a pensarlo, con X así no tendría ninguna posibilidad si me encontraba con algún No Muerto, además de que aún no sabía cómo cojones iba a entrar en aquella casa.
-Bien, gracias. ¿Cómo vamos a entrar allí? - pregunté mientras dejaba que Iñaki llevara la mochila de X.
-Hmmm... - tras meditarlo unos segundos finalmente dijo. - Es el piso justo de arriba, podríamos enganchar una cuerda o algo y subir desde la terraza, desde dentro abrir, y voilá. - Si, no sonaba extremadamente difícil, pero ¿quién iba a ser el valiente?
-Sí, parece lo más fácil... Si sabes escalar. - Si podía ser él el que subiera, mejor que mejor.
-No te preocupes, subiré yo. - Perfecto.
-¿Estás loco? - dijo Din con cara amarga. Ya estaba jodiendo otra vez. Joder, que asco empezaba a darme, y solo la conocía de hace cinco minutos. - ¿Y si te caes? ¿Y si dentro hay un No Muerto?
-Tranquila, no es la primera vez que me cuelo en una casa ajena por una terraza, y la Señora María vive sola, y lo sabes, es imposible que haya allí alguien, o algo. - Parecía muy seguro de sí mismo, y eso me gustaba, por que iba a tener que echarle un par de pelotas para hacer eso.
-¡Arg, tú y tu estúpida humanidad... ! - Hizo sonar aquello como si fuera cualquier cosa. - Haz lo que quieras. - Entonces se dio la vuelta y se perdió por el pasillo hasta que sonó un fuerte portazo al fondo.
-En fin... es así, déjala... - Dijo Iñaki volviendo a dejar la mochila de X al lado del sofá, y yo hice lo propio con él. ¡Estaba hasta los cojones de cogerle y dejarle! Se dirigió a la terraza. Antes de llegar, abrió un armario y de él extrajo una caja de cartón grande llena de polvo. - Mi padre solía ir a escalar cuando venía de veraneo por aquí. -Abrió la caja y sacó de ella un casco, unas zapatillas de escalar y finalmente una larga cuerda gruesa y un par de mosquetones. - No me hará falta tanto equipamiento, con el cabo y los mosquetones me sobra. - La cuerda tenía en un extremo una forma curva que se unía un par de centímetros más abajo, dejando un pequeño huevo por el que pasar o enganchar algo.- Bien, vamos.
- ¿Sabrás lo que haces no? - Pregunté mientras le seguía a la terraza. Hasta ahora no me había fijado mucho, pero se oía aún el gemido de un grupo de Zombis que permanecían abajo esperando a que por arte de magia, o de un mal golpe de suerte, les cayera algo que poder meterse en la boca, y ese algo, estaba seguro de que éramos nosotros.
-Sí, sí, tranquilo, todo está bajo control. - Se asomó a la barandilla y miró hacia abajo. De repente los No Muertos comenzaron a gemir más y más al ver a su presa. Iñaki, dejó escapar un gran lardo desde el fondo de su garganta y lo escupió sobre el grupo de Arrastrapies, impactando en la cara de una señora de aspecto grueso y de mediana edad, que llevaba una bata desabrochada dejando mostrar una terrible herida en el cuello. - Asquerosos... - Miró de nuevo hacía la terraza que se encontraba sobre nosotros, alargó un poco más el cabo, y lo lanzó hacia la barandillas. La cuerda dio con uno de los barrotes y cayó sin éxito. El segundo tuvo mejor acabado y consiguió que pasara por encima de la barandilla para que luego el extremo quedara entre dos barrotes. Iñaki comenzó a empujar cuerda hacia arriba para poder bajar el otro extremo. Cuando este hubo estado a la altura de su alcance, lo cogió, estiró de él e introdujo un mosquetón por el agujero, después pasando la cuerda dentro para que no se soltara. Tiró de nuevo de la cuerda, y esta se quedó firmemente enganchada a la barandilla con un metálico clank del mosquetón al chocar contra un barrote. - Esto ya está. Allá vamos. - Dijo dando un par de tirones para comprobar que no tendría ningún percance. - ¡Hasta ahora! - Me dijo con una sonrisa.
-Ten cuidado tío. - Me guiñó un ojo y comenzó a trepar la cuerda con un ritmo digno de un profesor de gimnasia americano enseñando a sus alumnos a trepar por una cuerda. Cuando estuvo arriba, pasó por encima de la barandilla y se asomó por ella.
-Bien, ahora ve a la puerta, en seguida te abro. - Tras esto, desapareció por la terraza y se internó en la casa. Los zombis parecían un poco decepcionados, pero no dejaban de gemir ansiosos un poco de carne.
Me metí dentro de la casa y recogí a X de nuevo del sofá, esta vez llevándolo sobre mi espalda para poder abrir la puerta. En esos momentos Din volvía al salón, con cara de haber llorado.
-¿Ya ha subido? -Preguntó frunciendo el ceño en señal de que no le caía muy bien.
-Sí. - respondí secamente.
-Maldita sea... - Parecía que le quería mucho, más que a un simple primo, eso estaba claro. Me preguntaba qué pensarían sus padres de su relación de incesto, o mejor dicho, de si eran conscientes de ella. Din cogió un pequeño hacha de mano que había encima de un mueble en la entrada, y abrió la puerta bruscamente.
-¡Eh, eh, espera! - Me apresuré a salir detrás de ella lo más rápido que podía con toda aquella carga. No se si pretendía clavarle ese hacha a Iñaki, a mi o tenía miedo de que apareciera un Zombi. En esos momentos se escuchó un ruido de algo haciéndose pedazos y un grito sordo que prevenía del piso de arriba. Din, que estaba al pie de las escaleras se dio la vuelta lentamente, estaba pálida, no quería pensarse lo peor. Nos miramos sin saber que hacer ni que pensar y cuando reaccionamos subimos corriendo hacia el piso de arriba.
-¡Iñaki! ¡Iñaki! - Iba gritando Din mientras subía las escaleras a toda prisa. Se habían vuelto a oír ruidos provenientes del 2ºC, esta vez más claros que los de antes, y había sido un gruñido.
©Bryan Pascual Moreno, me reservo todos los derechos de autor sobre la obra expuesta a continuación. 10/09/2010 ¿Qué pasaría si el día menos pensado la tía que te tirarías quisiera arrancarte el cuello a bocados y tuvieras que volarle los sesos? ¿O si tu querido casera estuviera deseando arrancarte las tripas (bueno, seguro que eso ya quiere) y tuvieras que volarle la cabeza (sí, tu también quieres eso)? Gore, humor, zombies... ¿Qué cojones más quieres?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario