martes, 10 de agosto de 2010

Capítulo 3 - Sangre bajo las ruedas

Los cuatro nos dirigimos hacia la casa del vecino propietario del coche que íbamos a coger y nos paramos enfrente de ella. Eddie se decidió a entrar el primero, así que todos le seguimos. En la casa no debería haber más de dos zombies, así que , no había que preocuparse mucho.
La puerta estaba abierta, y todo lleno de sangre, como nos habíamos acostumbrado a ver esta noche. Para darnos la bienvenida apareció Ramón, que era el dueño de la casa y el coche. No fue algo muy amistoso, Eddie arremetió contra su cabeza nada más verle.

-El tío era majo-nos aseguró Álvaro

-Sí, supongo que de no ser porque ahora mismo quería devorarnos, era un tipo majo-le respondió Charlie con un tono sarcástico.

-Sí, digamos que nos quería comer a besos-le respondí sarcásticamente.

-A ver -nos cortó el rollo Eddie- tenemos que ir de dos en dos, para buscar las llaves. Deben de estar en la habitación del tío éste…

-Che, che, che, con un poco de respeto, chaval-le interrumpí

-Eeemm, déjalo, bueno, pues eso, o también puede que estén en el salón.

-Vale, Charlie y yo vamos arriba, vosotros dos buscad por el salón, OK? –propuse.

-Vale, tomad una linterna y un walkie.

-Nos vemos aquí en 5 minutos en caso de que no las encontremos, y si alguien las encuentra, nos lo decimos por el walkie.

-OK

Charlie y yo subimos las escaleras para subir a la segunda planta en busca de la habitación. Primero entramos en la primera habitación que encontramos a la derecha.

-Ésta parece ser la habitación de los invitados, no creo que sea.

Seguimos por el pasillo y nos adentramos en una habitación más grande.

-Parece ser ésta voy a buscar por la mesilla, tu busca en otro sitio.

-Vale - contestó Charlie.

Me acerqué a la mesilla y justo cuando iba a abrir el primer cajón sonó el walkie.

-Bu! Que, ¿habéis encontrado algo?

-¡La madre…! , no me asustes así. No, estamos buscando, ya te diré.

-Vale, nosotros tampoco, adiós.

Nada más abrir el cajón aparecieron las llaves, ahí estaban.

-¡Hey Charlie, las tengo!

-Ok, vámonos de aquí ya.

De repente vi como detrás de Charlie aparecía alguien. Era la mujer de Ramón, y no parecía tan maja como él.

-¡Charlie cuidado! ¡Detrás de ti!

El zombie se abalanzó sobre Charlie, tirándolo sobre la cama.

-¡Aaaah!-gritaba Charlie intentado luchar por que no le devoraran el cuello.
-¡¿Qué pasa?!- se oyó a Eddie por el walkie. No tenía tiempo de contestarle, así que, opté por hacerle una lobotomía con la punta de mi espada a Dña. Carmen.
La sangre comenzó a brotar de su cabeza, ojos, boca, oidos, nariz... Charlie se la quitó de encima antes de que le cayera gota alguna en la cara.
-D-dios... tío...gracias...- dijo Charlie como pudo.
-Vámonos de aquí en cuanto antes.
Eddie y Álvaro aparecieron por la puerta asustados, y vieron como había quedado la mujer de Ramón sobre la cama.
-¿Qué a pasado?-preguntó Eddie asustado.
-Nada, que Charlie se ha echado novia- les dije bromeando.
-Imbécil... casi me muerde.
-Chicos, salgamos ya.
Todos bajamos las escaleras apresurados y nos dirigimos hacia el Jeep de Ramón.Le pasé las llaves a Álvaro, ya que conduciría él.
Charlie y Eddie se sentaron en los asientos de atrás y dejaron las mochilas a sus pies. Yo me senté en el asiento del copiloto.
Cuando Álvaro fue a arrancar vi como se acercaban a lo lejos un grupo de zombies. Cuando me fijé mejor me quedé petrificado. Eran todos nuestros amigos, los que estaban con nosotros hace media hora viendo una peli tranquilamente.
-Arranca, deprisa.
-Eso hago, ¿vale?
En esos momentos Álvaro arrancó. Los zombies, o nuestros amigos, se encontraban a menos de cinco metros. Cuando dimos la vuelta, un par de ellos golperon el coche con los brazos mientras gemían furiosos.
-Vale, ¿ahora dónde vamos?- preguntó Álvaro.
-Bajemos al pueblo y luego decidiremos que hacer.
Álvaro puso rumbo hacía el centro del pueblo. En la primera calle que pasamos ya comenzaron a salir más de nuestros amigos que acabaron besando el asfalto bajo las llantas del Jeep. Tardamos menos de dos minutos en llegar al centro y detrás nuestra se veía un rastro de sangre que había dejado las ruedas.
Allí todo parecía desierto, salvo por algún que otro muerto viviente que rondaba por ahí.
-Bueno, ¿ahora qué?
-Creo que deberíamos ir al supermercado a por más comida y a cojer lo que pueda servirnos.- cuando terminé la frase dos chicas pasaron corriendo a diez metros de dónde estábamos huyendo de tres zombies que las perseguían.
-¡Mirad, allí!-grité señalando en su dirección.
¿Qué podíamos hacer? ¿Ayudarlas y llevarlas con nosotros? ¿Deberíamos pasar, por si están contagiadas?

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